Tu mente ya no es desierto nocturno y engañoso
manantiales embalsaste, poco a poco, con ideas de gotas.
Parece que recuerdo,
y me acerco con el férrico sabor de la victoria en los labios.
Y entonces, lo veo.
No hay nada que conseguir, la victoria siempre estuvo ahí,
yo pongo la competición, yo pongo las normas.
Yo las rompo.
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