Me veo repetir los mismos errores una y otra vez. Avanzo, y me giro orgullosa a observar el camino recorrido. Miro mis pasos, mis tropiezos, las caídas. Pero cuando vuelvo a mirar hacia delante me obsesiona lo que dejo atrás.
Así que vuelvo, vuelvo a borrar las huellas que se chivan de que no siempre caminé con la cabeza alta, y en mi obsesión por borrarlo todo se me olvida cómo conseguí avanzar.
Y me encuentro de nuevo mirándome las manos y preguntándome qué narices hacer con ellas.