Y así, golpe tras golpe, te van quitando las ganas de pelear. Las ganas de gritar y luchar, y creer en aquello por lo que luchas hasta el punto de arriesgarte la vida.
Hoy creo que nos tienen engañados para siempre.
Mañana me levantaré, lucharé y me darán una palmadita en la cabeza...y me iré a casa contenta, con una sensación de triunfo en el pecho absolutamente estúpida.
